HUELLAS EFÍMERAS

Poco después de levantarme, aquella fría mañana de febrero, me asomé por la ventana del salón y pude observar, desde la altura de un octavo piso, como caían los copos de nieve profusa y lentamente. 

Al poco tiempo, se cubrió la calle de un hermoso lienzo en blanco sobre el que pasaban los vehículos y los viandantes a su libre albedrío, dejando tras de sí un conjunto de trazos oscuros sobre la superficie alba, imprimiendo un grafismo de líneas contrastadas y gráciles espontáneamente diseñado.

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