El sujeto se hace imprescindible para explicar la condición del objeto, aunque el objeto tenga existencia real propia al margen de éste. Se da una relación de interdependencia entre el sujeto que observa y la realidad del objeto que tiene delante. Así entendido, el objeto puede ser investido de un nuevo sentido si el sujeto le atribuye algo de sí mismo, ya que opera una transformación de su significado original por otro nuevo y distinto.
“Los objetos son elementos de nuestra cotidianeidad. A menudo, de tanto verlos, dejamos de verlos; existen porque ocupan un lugar, pero los solemos soslayar o ignorar. Solo cuando los usamos o cuando les prestamos algo de atención, cuando nos paramos frente a ellos, podemos ver la simbología que contienen, o como se comunican con nosotros, pues cada uno de esos objetos significa algo, o como dijo Octavio Paz en su poema Objetos: «Viven a nuestro lado, / los ignoramos, nos ignoran. / Alguna vez conversan con nosotros»” (Agustín Calvo Galán).
“El propósito del arte es el de impartir la sensación de las cosas como son percibidas y no como son sabidas -o concebidas-” (Viktor Shklovski) .
“Sólo cuando algo nos resulta extraño le prestamos la suficiente atención; y sólo entonces podemos comenzar a pensarlo de otra manera. A lo habitual, a lo cotidiano, no solemos darle demasiada importancia; operamos con ello en una especie de «modo de piloto automático»” (Gustavo Ariel Schwartz).
“La cotidianidad hace que se «pierda la frescura de nuestra percepción de los objetos», haciendo de todo algo automatizado. La rutina nos adormece, volviéndonos ciegos, sordos, y ajenos a lo que ocurre en nuestro entorno”.
“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos” (Marcel Proust).


