Mares inmensos e inabarcables, motivos de inspiración. Ofrecen paisajes de temperamento cambiante, tan pronto apacibles y serenos como amenazantes y violentos.
Bordes marinos abruptos, ásperos, duros y poderosos como titanes, desgarrados por las zarpas de las olas y el viento, resisten el paso del tiempo.
De la tempestad a la calma bajo el firmamento, transformación y cambio perpetuo, todo fluye sin cesar.
“Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas remotas; envuelto entre las sábanas de espuma, ¡llevadme con vosotras!” (Gustavo Adolfo Becquer).
Los que viven en las olas me gritan: “¡Cantamos desde el amanecer hasta la noche; vamos más y más allá siempre y no sabemos dónde vamos!” Yo les pregunto: “Pero ¿cómo podré irme tan lejos con vosotros?” Me responden: “¡Vente a la orilla del mar, aprieta bien los ojos, espera, y te arrastraremos con las olas!” (Rabindranaz Tagore).


