ALOMARTES, GRANADA

Mi mayor vínculo con este pueblo adorable, en la falda de la Sierra de Parapanda, se encuentra en una maravillosa zona de terreno kárstico, de rocas grises coronadas con manchas de líquenes blancos. Las piedras suelen aparecer repletas de agujeros, ya que sus superficies fueron horadadas por el agua de lluvia y el viento durante millones de años. Algunos de estos ejemplares pueden mostrar formas realmente curiosas, recordando en ocasiones a las esculturas “biomórficas” de Henry Moore.

También destacan sus hermosos grupos de encinas o chaparrales, cuan estampas propias del romanticismo, junto con los olivos centenarios cargados de poética. En aquella tierra tan singular aprendí a reconocer determinadas “formas accidentales” de la naturaleza y el juego de las asociaciones entre ciertos patrones naturales y la semejanza con otros objetos, animales o personas… Así fue como empecé a aficionarme a cazar biomorfos.

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