Hay algunos bares muy peculiares en Granada capital, donde tengo la fortuna de residir, una ciudad en la que abundan este tipo de establecimientos comerciales. Pero, más allá de ese carácter típico del ocio y la hostelería, quiero poner el foco en un pequeño y selecto grupo de locales que me sorprende por su ambientación y personalidad. Me refiero a aquellos que, ya sean tradicionales o modernos, logran captar mi atención sobre un conjunto variado de detalles, tales como la estructura y distribución del espacio, su esquema de luces cinematográficas, que revelan los colores y su interacción con los objetos, formas y texturas del decorado, incluso el olor predominante que, en suma, muestran un alarde de diseño ambiental de interiores, como una verdadera intervención artística.
Todo contribuye a crear un clima especial al servicio del cliente, enriqueciendo la experiencia de compartir el momento con otras personas, ya sea al tomar algo apetecible, escuchar música o, en definitiva, vivir con placer el momento presente.
Estos lugares con encanto hablan de las personas que los diseñaron y de quienes se encargan de darle vida. Gente con talento que logra ofrecernos la posibilidad de pasar un buen rato, ya que consiguen dar con las teclas que estimulan nuestros sentidos, creando oportunidades para saborear una gama de sensaciones agradables.
El encanto particular de estos bares nos deja con la apetencia de volver y repetir nuevas vivencias, como la de consumir cultura.


