MI AMIGO EL PULPO

Aquella tarde de verano salí con unos amigos y mi hija mayor a bucear. Luis, el más experto, estuvo escudriñando las grietas de algunas rocas. En un momento dado, cogió un curioso pulpo entre sus manos. Se lo pasó a mi hija y luego lo cogí yo, con toda la delicadeza. Un prodigio del camuflaje y de adaptación al medio durante millones de años. Cambiaba de apariencia con pasmosa facilidad, tanto de color como de textura. De pronto sacaba su manto de puntas y se transformaba en otra criatura portentosa, poderosa y arrebatadora.

Lo tuve en mi mano, enganchado, más de media hora, agarrándose suavemente con sus centenares de tentáculos y no me soltaba. Me palpaba y, de alguna forma, sabía que yo no le haría ningún daño, por eso permaneció junto a mí todo ese tiempo. Yo estaba entusiasmado, sentía que tenía en mi regazo una de las criaturas más inteligentes y prodigiosas del reino animal. Algo que no vemos todos los días. Un encuentro excepcional, extraordinario y muy hermoso ¿cuántas veces habremos pasado junto a ellos sin darnos cuenta de su presencia? Mejor así.

Pocas experiencias más gratificantes que ésta en el mar durante el verano. Un molusco invertebrado, una especie nocturna, que vive en zonas poco profundas, donde encuentra mayor protección contra sus depredadores.

Me dio una lección de amor y respeto por la fauna marina. Para que digan que los animales no son creativos e imaginativos. Otro regalo de Dios, del universo, de la naturaleza. Gracias una vez más.