LAVADO A PRESIÓN

La tarde era soleada y se alargaba por el reciente cambio de horario primaveral, mostrando un intenso firmamento azulado. De vuelta a casa, la parienta pensó que había que lavar el coche. Al pasar junto a una estación de servicio entramos y lo metimos en un lavado a presión. En esa ocasión opté por quedarme dentro. Me puse a ojear el móvil para pasar el rato cuando oí caer una moneda dentro la máquina. Al momento, comienzo a sentir como el sonoro chorro de agua se disparaba frontalmente hacia el parabrisas, retumbando en el cristal y la chapa. Entonces levanto la vista hacia el parabrisas y contemplo absorto como iba apareciendo un espumoso manto de químico verde que corría por todas partes, como una composición abstracta a base de manchas.

Sin esperarlo, me vi participando, desde mi asiento, de todo un espectáculo sensorial inmersivo. Se sucedía ante mí una proyección espontánea de formas volubles que se desparramaban entre colores saturados y vibrantes. Al cabo de una primera pasada alrededor del vehículo, eché mano de la cámara y me dejé llevar por la emoción del momento.

Aquella figura que me resultaba tan familiar y el resto del recinto circundante empezaron a transmutar en una serie de espectros licuados.