EL ESPLENDOR PERDIDO

Hubo un pasado de esplendor y gloria, de prosperidad y satisfacción, en el que se alcanzaron grandes cimas de evolución y progreso. Una civilización tan avanzada que llegó a superar todas sus metas, pero no dejó de parar, hasta llegar a cruzar todos los límites permitidos.

Hubo algún momento crítico, de exceso de confianza, ante el que algunos reaccionaron con recelos, incertidumbre y temor, mientras otros actuaban con soberbia y hacían oídos sordos.

Hubo un momento sembrado de decisiones incorrectas, enfrentamientos, graves errores y peores consecuencias…, un punto de inflexión donde todo parecía confuso y se enredaba en una maraña de caos y desolación.

Hubo un momento de radicalización del pensamiento, fanatismo e intolerancia, en que unos señalaban con el dedo y echaban las culpas a los otros, traicionando la confianza en el propio ser humano.

Hubo una cadena de desastres e infortunios, sin vuelta atrás, que trajo el abandono, la decadencia, el olvido, la pérdida de sus logros y todo lo que pudo haber sido. ¿El eterno retorno? Fue entonces cuando comenzó a borrarse la memoria colectiva y la Historia se fue diluyendo paulatinamente hasta desaparecer.

Ya solo quedan vestigios y papeles en blanco enterrados en el silencio. Pero, ahora, todo eso es el ayer, como la imagen de una mala pesadilla originada en un futuro distópico. Es el momento de levantarse, de resurgir de las cenizas, recobrar la confianza y levantar los cimientos de una vida nueva, pensando en las páginas que quedan por escribir. Es la hora de la renovación perpetua.