EL INGENIOSO DON QUIJOTE EN LA ACTUALIDAD

El ingenioso hidalgo de hoy: la hazaña noble, la vocación por lo fantástico, lo prodigioso, lo mágico, lo sobrehumano y lo idealizado en el contexto contemporáneo de la verosimilitud.

Nuestro protagonista actual representa el choque entre la libertad individual (el «yo») y la realidad de la época (las «circunstancias»). Como refleja la filosofía de Ortega y Gasset, el individuo no puede entenderse sin su entorno, y por ello postuló su célebre premisa: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo». La vida debe comprenderse como una integración de lo que somos y el medio (físico, social y temporal) en el que nos ha tocado vivir.

En esta época que nos ha tocado vivir también asistimos a episodios marcados por el desencanto, el declive económico, social, moral y el fin de los ideales caballerescos. Así las cosas, la filosofía orteguiana exige que el hombre asuma su entorno y le dé sentido. «Salvar» las circunstancias a través del idealismo, lo cual significa rescatarlas de su trivialidad y elevarlas a su máxima plenitud.

El ingenioso hidalgo no se resigna a la gris realidad de su tierra. A través de su férrea voluntad, «salva» su circunstancia transformando ventas ruinosas en castillos, campesinas en princesas y molinos de viento en gigantes. Al imponer su propia visión idealista sobre un entorno prosaico, Quijano demuestra la tesis orteguiana de que el sujeto no es un ente pasivo, sino un agente capaz de moldear activamente el mundo que lo rodea mediante el sentido y el propósito.

Otra aportación orteguiana a tener en cuenta es el perspectivismo, que sostiene que la verdad se alcanza sumando los diferentes puntos de vista desde los que se observa. Don Quijote representa la perspectiva idealista y heroica; Sancho Panza aporta la perspectiva realista y material. El encuentro constante entre ambos muestra cómo la «verdad» del mundo depende de la lente (o perspectiva) a través de la cual se mire.

La frase «yo soy yo y mis circunstancias» también advierte que no debemos dejarnos arrastrar pasivamente por lo que nos rodea. Don Quijote es el acto de rebeldía supremo contra un destino monótono. Al rechazar su identidad como simple hidalgo rural, decide tomar las riendas de su destino, demostrando que el «yo» tiene el poder de trascender sus limitaciones físicas o sociales.

El Quijote de hoy es un idealista que combate contra las «fake news», la superficialidad de las redes sociales y las injusticias algorítmicas. Alonso Quijano se ha trasladado al siglo XXI: su armadura es un ordenador portátil, Rocinante una vieja bicicleta eléctrica y las novelas de caballería han sido reemplazadas por foros de internet y manifiestos encriptados.

Al igual que el hidalgo enloquecía leyendo libros de caballerías, hoy el delirio surge de consumir contenido extremo en el feed (flujo continuo de publicaciones, fotos y vídeos en plataformas de Internet). Confunde las fake news con verdades absolutas y transforma su obsesión por el ciberactivismo en una cruzada personal para salvar al mundo de las corporaciones tecnológicas.

Su leal escudero ya no viaja a pie. Es un repartidor de Glovo o Uber Eats que necesita trabajar para pagar su alquiler. Con su pragmatismo y un teléfono móvil, intenta conectar a su amo con la dura realidad. Sancho es la voz de la sensatez que grita: «Don Quijote, ¡eso es solo un Community Manager!»

Los «gigantes» a los que se enfrenta el protagonista han mutado hacia nuevas formas de injusticia. Así, los molinos de viento por los grandes servidores de datos y las granjas de servidores a los que ataca intentando «liberar la información»; Los rebaños de ovejas por la masa acrítica y enajenada en las redes sociales que interactúa sin pensar, arrastrada por la polarización y las tendencias virales; Los encantadores por las grandes multinacionales tecnológicas (los nuevos magos como el algoritmo) que controlan lo que la gente ve, piensa y compra.

Dulcinea ya no es una campesina del pueblo, sino una activista anónima que lucha contra el cambio climático en plataformas como X. Representa el ideal puro e inalcanzable, la inspiración perfecta por la que el Quijote arriesga su dignidad y su propio sueldo a fin de mes.

Hoy en día, Don Quijote libra sus batallas en Internet, intentando hackear sistemas corporativos, publicando hilos interminables en foros como Reddit, o desafiando a las mismas autoridades que intentan limitar la libertad en la red. Su locura no es más que un intento desesperado de recordarnos que, a veces, la mayor cordura es seguir soñando con un mundo más justo.

En conclusión: «Los cambios de rumbo resultantes de la moda suelen superponerse a continuidades profundas entre lo moderno y lo antiguo…  la comprensión de ciertos aspectos esenciales del Quijote no han variado en cuatrocientos años… los yelmos remiten a las bacías» (Anthony Close).

Quiero expresar mi entusiasmo por tener la oportunidad de representar la imagen personal que guardo del más ilustre caballero de la literatura universal, mostrando mi gratitud y respeto al talentoso actor Genís Campillo, quien encarna magistralmente la viva imagen de don Alonso Quijano.